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Desvanecimiento.

Un calor intenso, como si de fiebre se tratara, se apodera de su cuerpo. Siente la mente abotargada y los músculos demasiado pesados. Se siente caer lenta, muy lenta. Y mientras piensa: Mierda, vaya hostia me voy a dar.

Pero nunca llega a tocar el suelo porque él, su caballero andante, la coge justo a tiempo.

¿Qué te pasa?, grita él, ¿qué te pasa? Por Dios, dime algo.

Ella abre un poco los ojos e intenta sonreír. Tu presencia me afecta demasiado, bromea.

Él, asustado, la tiende sobre el sofá y llama a Emergencias. Mientras ella se repone un poco e intenta tranquilizarlo. No exageres, pequeño, que estoy bien, ha sido un desvanecimiento, no pasa nada. Él insiste en llamar a una ambulancia y ella le obliga a colgar el teléfono. Por lo menos déjame que te lleve a Urgencias, si no no me puedo quedar tranquilo. Ella acepta y van a por el coche.

Cuatro paredes, siete filas de asientos y un montón de gente que va de acá para allá quejándose e impacientándose por momentos. Por fin les toca. Primero se ha puesto muy blanca, se le han ido los ojos hacia arriba y se ha caído al suelo, bueno, al suelo no porque la he cogido, pero casi, ¿sabe? Se ha quedado inconsciente, explica él. Verá, doctor, acabo de sufrir un pequeño desmayo, aclara ella ante la exagerada descripción de él. De acuerdo, déjeme hacerle unas pruebas para ver a qué ha podido deberse. Venga por aquí, por favor.

Un rato después, llega el veredicto. Ambos se miran y se estremecen, no saben si llorar o reír, si abrazarse o mantener la compostura. De pronto él se abalanza sobre ella y empieza a comérsela a besos. Y es que el médico acaba de decir que pronto serán tres para comer.

1 anotaciones al respecto:

adrenalina. dijo...

oh, pequeño.
me encanta ;) pero eso ya lo sabes x)

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